Ni el mismo sabe que edad tiene. Se siente mas un hombre sin tiempo, totalmente atemporal. Y saber esto lo aterra. Ver que todo pasa a su alredor y el no forma parte de nada. Ver como las personas, los hechos, nacen y mueren, muchas veces en sus manos. Verse en un espejo y saberse casi eterno, inmortal. Tener que vivir como un hombre normal, y tener que convivir con su karma. Nunca se queja de su destino, nunca le duele su existir. No duda, no teme, no miente, y casi no siente. Un hombre totalmente solitario por obligación, porque su karma así lo impone, pero sobre todo solitario por su condición de eterno. Tan eterno, tan atemporal que apenas recuerda su infancia. A veces duda de si la tubo o no, y recuerda un pasado adulto, que incluso también es borroso. Trata de no pensar en ello, trata de no recordar el porque de un karma tan pesado, el porque esta pagando con su vida, el ser hijo del amo de los siete infiernos. Trata de no recordar porque su vida es tan triste, tan perversa, tan retorcida y morbosa. Trata de no odiar al humano, pero solo trata. Su alma llena de impotencia convive con su historia.
Pero solo a veces, por momentos, la lucidez es en su cabeza un destello de vida, de tiempo. Cuando su alma no llora, lo invade una seguridad aplastante, y se vuelve aterrador. Su presencia cambia, su ser se torna inmaculado, casi parece flotar. Sus ojos, vidriosos, lleno de sangre y lagrimas destilan paz. Enorme se mueve en las sombras con una sonrisa que reconforta por el miedo. Y allí espera, en silencio, estático, sereno, tan seguro de vencer.
Pero jamás muestra su cara. Nadie pudo verlo, nadie. Su imagen es aterradora, por su falta de humanidad. Un ser de dimensiones colosales, con un uniforme militar, de aviación para ser preciso. Pero el terror es su rostro, si es que se puede decirle rostro. Un rostro cadavérico, un rostro de cabra. Con una enorme cornamenta, sin una boca visible, y sus dos ojos vidriosos y rojos. Y su voz, gutural, tétrica, helada, impersonal. Tanto que da escalofríos escucharlo. Una voz atronadora, de esas que invaden todo. Tan enferma, pérfida, perversa e invasiva que corroe los huesos con miedo, pero al mismo tiempo genera un silencio lleno de paz.
No es un ser de mucho hablar, sus palabras son las justas. Solo dice lo que hay que escuchar, solo eso. Y el silencio posterior es lento, denso, pesado. El parece acercarse, pero no lo hace. Es su aura, la que crece y atropella. Y luego, de un momento a otro, y sin previo aviso, devora tus males. Quieto estático, lejos, uno lo siente dentro del cuerpo, masticando, sádico, las entrañas, la soberbia, gula, avaricia, pereza, ira, envidia y lujuria. Luchando otra vez contra los mounstros, los demonios, los súbditos del encargado del purgatorio. Luchando otra vez contra Lucifer, Beelzebu, Mammon, Belfegor, Leviatan y Asmoedo.
Y la nada. La nada misma. Uno parece recién despertar de una pesadilla. La sensación de ensueño, de una brisa calida, árida en la piel. Una sensación gélida en la boca del estomago. Y la dificultad para abrir los ojos, por la luz que los cega. Tratando de desperezarse, sin entender demasiado. La figura de la gigante cabeza de cabra se aleja en las sombras, tranquilo y sin prisa. Apenas unas gotas de sangre lo siguen. Se aleja, para volver a ser el triste ser que siempre es, para volver a pagar el lado espantoso de su karma. Para esperar el momento de regocijo que le produce la sangre y el labor de castigar para liberar del mal a los humanos que tanto odia. Que odia por ser mortales, por saberse muertos, desde el primer día de su vida. Que odia por tener recuerdos, por sentir, por amar.. Que envidia. Que necesita. Que lo llenan de los pocos momentos de excitación. A los mismos humanos que lo rechazan, que le temen, a esos mismos, son los que el libera del karma. Porque ese es su destino, ese es su karma, el ser eterno, inmortal y liberador. Por eso, y por ser el hijo del amo de los siete infiernos, es que es llamado Señor Karmatico. Por eso, y por el ser el hijo del mismismo Baphomet, amo y señor de los siete demonios, es que es llamado Barón Macabro.
domingo, 13 de diciembre de 2009
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)